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De tres mitades a nada (priv. Nerine y Tomas)

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De tres mitades a nada (priv. Nerine y Tomas)

Mensaje por Nerine el Dom Jul 31, 2011 1:40 pm

Nerine estaba muchísimo más seria de lo habitual aquella tarde.
Se había sentado junto al grueso tronco de un árbol y llevaba allí, esperando, con las piernas cruzadas y las manos entrelazadas sobre su regazo, durante toda la tarde. Ahora comenzaba a anochecer, y el cielo estaba pintado con tonos rojizos y oscuros, y la niña no pudo evitar ponerse un poco nerviosa al pensar que se acercaba la hora en la que había quedado allí con Tomas.

Las cosas no estaban bien. Para nadie. Sobre todo para ellos.
Para ser sinceros, las cosas no estaban bien desde la batalla de Mondphase. Ese día, después de arriesgar su vida y la de sus amigos para ir a buscar a L, el vampiro les había atacado (porque era su naturaleza, porque no lo había podido evitar) y desde entonces, Nerine le había cogido un poco de miedo. Llevaba desde entonces, desde ese preciso momento en que todo había cambiado, replanteándose las cosas, preguntándose si lo estaría haciendo bien o, realmente, todo era tan raro y enfermizo como los demás decían que era.
Nerine siempre había tenido las cosas muy claras. Para ella, L era algo así como el hombre de su vida, igual que Tomas. Tomas era, el otro hombre de su vida. Ella no entendía como los demás no podían entender algo tan simple, como podían no entender que ellos tres eran uno solo, como no podían aceptar que alguien pudiera querer por igual a dos personas en lugar de a una... Pero ahora, la verdad, era que ella había comenzado a dudar también.

Se le encogió un poco el corazón y el estómago al pensar en la conversación que había tenido con L hacía un par de días, poco después de su cumpleaños. Ese día, le había contado al vampiro a cerca de sus miedos y inseguridades. Le había explicado que ya no se sentía a salvo a su lado y que, aunque lo quería, ya no sabía si quería estar cerca de él, porque tenía dudas y necesitaba pensar con calma... Y, desde entonces, no había vuelto a saber nada de él.
Nerine tenía miedo de que ahora fuera a ocurrir algo parecido, porque, sinceramente, ni siquiera ella sabía si estaba preparada para perder de golpe dos de sus mitades más importantes. Pero, a la vez, sentía que no le quedaba otra opción.
Y, de hecho, era estúpido, porque estaba claro que una sola persona no podía tener tres mitades. Al final, iba a resultar que todos los demás tenían razon, y que ellos tres no eran uno solo, sino simplemente tres mitades de nada que se habían encontrado y habían pensado que lo mejor era estar juntas...


Un sonido como de pasos acercándose llamó su atención, y Nerine, con el corazón martilleándole fuertemente en el pecho, levantó la mirada para ver si se trataba de Tomas.
La chica tenía bastante claro lo que tenía que decir entonces, lo que debía hacer, lo que tenía que exponer. Le había dicho a L que ya no tenía muy claro si quería estar con él porque estaba echa un lío y eso, claramente, incluía a Tomas también. Aunque era doloroso. Aunque, la simple idea de dejarlos a ambos la estuviera rasgando lentamente por dentro. Aunque sabía que no sería facil, pero si sería lo mejor.
Tragó saliva como pudo y esperó. Y entonces, una de su otra mitad, la que correspondía a Tomas, apareció en su campo de visión.

Nerine estaba muchísimo más seria de lo habitual aquella tarde.
Tomas lo estaba muchísimo más.



((*llora emomente en un rincón*))
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Nerine

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Re: De tres mitades a nada (priv. Nerine y Tomas)

Mensaje por Tomas el Dom Jul 31, 2011 6:49 pm

(*se va con ella a llorar*)

Tomas no acababa de comprender todo lo que estaba sucediendo, o, al menos, una gran parte de él se negaba a comprenderlo.
Era aquella la principal razón por la que el muchacho iba caminando en vez de volando hasta el lugar donde tenía que reunirse con Nerine, la razón por la que llevaba las manos metidas en los bolsillos y la mirada perdida en el suelo, la razón por la que caminaba despacio, muy, muy despacio. Quería aclarar sus pensamientos sin que su corazón siguiese interviniendo, porque su razón tenía claro que aquello no podía ser.
Tomas sabía desde el primer momento que esa situación no le gustaba. Desde que había comenzado a salir con Nerine, la niña había sido suya <i>a medias, porque, en los momentos que no pasaban juntos, cuando la chica no lo tenía a él en sus pensamientos… estaba Lugat. Y Tomas no había podido entender nunca aquello que Nerine le explicaba de que su corazón estaba dividido en dos y a los dos los amaba por igual, por mucho que hubiese logrado encubrirlo o disimularlo. Para él no tenía sentido, porque era como un engaño no encubierto, como una broma de mal gusto. Lo que había entre Nerine y él no podía ser una relación, porque en una relación no había tres personas. Había dos.

Si había algún motivo por el que Tomas hubiese querido seguir adelante con toda aquella locura, si había algo que había conseguido que fingiese que aquello no le importaba, que lo comprendía ligeramente… era el amor que sentía por Nerine. La niña había estado algo apartada de él desde la maldita batalla, y algo le decía que esa tarde no se verían para arreglar las cosas e irse a tomar un helado. Algo le decía que… todo estaba mal. Y las cosas iban a ponerse peor. Porque en todo el tiempo que había pasado, aunque se hubiesen evitado, Tomas no se había quitado a esa chica de la cabeza. Y dudaba que, pasara lo que pasase, pudiera olvidarla alguna vez.

Cuando llegó a su lado, apenas sí la miró. Deseó haber andado más lento o haber salido más tarde, aunque el sol ya casi estaba escondiéndose y él supiese que, por mucho que atrasase esa conversación, tarde o temprano tenía que llegar. El rostro de Nerine hablaba por sí solo, y Tomas supuso que el suyo también. Se hizo el silencio durante un largo rato, y Nerine no se molestó en romperlo como otras veces, así que Tomas se decidió a decir algo, lo que fuese. Porque esa situación lo ponía nervioso y porque se había dado cuenta de que dar mil vueltas a sus pensamientos no le servía de nada.
Tomó aire con una parsimonia que no podía ser natural, y acabó articulando lo primero que pasó por su cabeza.
- Creo… -murmuró, mirando hacia el suelo. Luego, levantó la mirada, una simple décima de segundo- Creo que… tenemos que hablar.

Una brisa helada cubrió el camino repentinamente, dándole a Tomas una excusa perfecta para fijar la mirada en las ramas de los cerezos, movidas por el aire de una manera suave y grácil. Dándole, también, otra excusa para fingir que temblaba de frío, cuando no tenía muy claro que estuviese temblando precisamente por eso.
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Re: De tres mitades a nada (priv. Nerine y Tomas)

Mensaje por Nerine el Lun Ago 01, 2011 12:09 pm

Tomas ni siquiera le había dicho hola. Era extraño, porque al fin y al cabo ella tampoco había saludado con nada más a parte de un leve asentimiento de cabeza, pero de todos modos se le hizo extraño y difícil. Ni siquiera se habían dicho hola.

Con un leve asentimiento de cabeza, Nerine bajó la mirada y procesó aquello de <<Tenemos que hablar>> porque no se esperaba escucharlo y, haciendo redonditas en el suelo con la punta del pie, se preguntó hasta qué punto estaba Tomas al corriente de lo que había ocurrido con L, y de lo que los había llevado ahora a aquel lugar. Ella no le había dicho nada a nadie, ni siquiera a Abby, pero ¿por qué otro motivo si no estaría el muchacho tan serio?

Nerine se pasó las manos por los brazos y frotó, asintiendo, levantando la mirada hacia él y tragando saliva como buenamente pudo hacerlo.
- Claro - murmuró -. ¿Tienes algo de lo que quieras hablarme?

Nada más terminar de pronunciar aquello, Nerine se arrepintió porque estaba siendo un poco cobarde. Trató de consolarse a sí misma diciéndose que no podía ser bueno saludar a nadie con un <<Muy buenas noches, hace frío ¿verdad? Oye, que quiero cortar contigo>>, pero la verdad era que sus motivos eran un poco más egoístas y menos nobles. Lo que ella quería, era retrasar todo el tiempo que pudiera el momento de romperle el corazón a Tomas (que sabía que se lo iba a romper igual tarde o temprano, tardase lo que tardase en decírselo, pero en ese momento no lo pnsó), para no tener que enfrentar su cara dolida y su mirada de confusión.
Seguro que sería mucho peor que esa cara tan seria que lucía ahora.
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Re: De tres mitades a nada (priv. Nerine y Tomas)

Mensaje por Tomas el Miér Ago 03, 2011 5:15 pm

Tomas había pronunciado muy convencido aquellas palabras que, por otra parte, habían funcionado a modo de saludo, porque no se encontraba cómodo en esa situación y porque sabía que sólo hablando con Nerine se podía arreglar la tensión que reinaba entre ellos… o, por lo menos, intentarlo.
Sin embargo, cuando escuchó las palabras de Nerine, se quedó mudo, como si hubiese dicho algo completamente inesperado o no hubiese respondido con otra pregunta. Pero Tomas no tenía del todo claro lo que pretendía decirle, ni si eso era lo que de veras él quería, ni… si con sus palabras podría hacerle daño. Porque él no quería hacerle daño a esa chica.
Prosiguió con la mirada desviada y se apoyó después en un árbol cercano, aunque sólo estuviese buscando hacer tiempo, antes de atreverse a pronunciar una respuesta. Suspiró por lo bajo pero no ejecutó ningún otro movimiento.
Y tardó unos cuantos minutos en atreverse a hablar.
- Yo… -desvió su mirada hacia el suelo y volvió a hacer una pausa antes de continuar- Últimamente… se me hace… se me hace todo esto muy difícil.
Después de decirlo, Tomas percibió como si se quitase un enorme peso de encima. Aquel pensamiento que nublaba su mente era una buena manera de comenzar, y el muchacho habría acabado estallando si no lo hubiese pronunciado. Porque, con ese “esto”, Tomas se refería a todos los momentos (que, en los últimos días, habían sido muchos, demasiados) que no había compartido con la niña, esos momentos en los que él estaba convencido que pensaba en su otro chico, esos momentos en los que ya no eran dos, sino tres. Y Tomas no podía con esa situación, con los celos que le inundaban. No había podido nunca, aunque él no hubiese buscado reconocerlo.
Y, ahora… esa presión se le había echado encima hasta el punto de no soportarlo más.
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Re: De tres mitades a nada (priv. Nerine y Tomas)

Mensaje por Nerine el Jue Ago 04, 2011 6:17 pm

Cuando Tomas dijo aquello, Nerine apartó la mirada y se frotó el brazo con incomodidad.
La verdad era que, en parte, el muchacho no le había dicho nada que ella no se esperase escuchar con anterioridad. Si, para ella, la situación ya se había hecho difícil y cuesta arriba, ¿como iba a sentirse él? Sintió, pese a todo, ganas de disculparse con él, de acercarse al árbol contra el que se había apoyado para abrazarle y asegurarle (aunque no fuera para nada cierto) que todo estaba bien, y que ella lo quería igual que lo había querido al principio, y igual que iba a quererle más adelante, después de...

El peso de lo que sabía que tenía que hacer (porque, vamos, había acudido a ese lugar justamente para eso), anidó de nuevo en su estómago con un movimiento seco, y se vio obligada a bajar la mirada y encogerse un poco. Una imagen muy parecida a esa, pero acaecida unos días antes y junto a una persona diferente (pero, para ella, igualmente importante), acudió a su mente y se obligó a sí misma a decirse que, si entonces había podido hacerlo, ahora también podía. Solo tenía que decir una frase. Solo eso...

Apretó los dientes y lo miró, medio anonada, pero convencida. Y apretó los puños.
- Lo sé - dijo. Se sorprendió porque su voz sonó mucho más fuerte y convencida de lo que ella misma se sentía, pero aquello en parte estaba bien. Así, solo tenía que concentrarse en buscar las palabras -. Sé que todo esto es muy difícil. Pero no te preocupes porque... Porque te he hecho venir para arreglarlo.

Ella no quería que Tomas sufriese más. Por su culpa. Desde el principio, aquella situación extraña había sido culpa suya y ella debía arreglarla para que las cosas volvieran a su curso natural, tal como deberían haber sido, tal como deberían ser a partir de ahora.
Tragó saliva de nuevo y soltó el aire lentamente.

- Quiero cortar contigo, Tomas - dijo con firmeza -. Quiero... Dejarte en paz.
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Re: De tres mitades a nada (priv. Nerine y Tomas)

Mensaje por Tomas el Vie Ago 05, 2011 8:19 pm

Por un momento, Tomas había creído que todo se iba a arreglar de verdad.
Al escuchar a Nerine pidiéndole que no se preocupara, alegando que estaban allí para arreglar las cosas, Tomas no reparó en que su voz seguía siendo seria, y firme, y en que estaba tardando mucho en continuar sus palabras. Si bien apenas había mirado a la chica desde que había llegado a ese lugar, y sus ojos no habían mostrado nada más que seriedad… cuando esos pensamientos surcaron su mente, Tomas levantó la mirada mínimamente y cambió sus ojos a sorpresa. Porque él, a continuación, esperaba escuchar algo parecido a “te he elegido a ti” o “ahora estamos solo nosotros dos. Tú y yo”
Era ridículo esperar eso, y la pequeña porción razonable que quedaba en su mente lo sabía perfectamente.
Era ridículo esperar eso, y todo su ser lo supo cuando escuchó cómo continuaba su frase realmente, y cuando tuvo que desviar la mirada de nuevo con sus palabras clavadas en el pecho.
Durante los minutos que Tomas necesitó para creer lo que acababa de oír, percibió como algo cerca de su corazón se encogía, hasta el punto de doler y casi no dejarle ni respirar. No se lo esperaba. Notaba como si todo su cuerpo se hubiese detenido y ya no fuera a funcionar más, se quedó quieto, mudo; seguramente, sus ojos serios se convirtieron en inexpresivos. Tardó otro buen rato en aceptar que aquello estaba sucediendo de verdad. En poder reprimir ese dolor que le había nacido del pecho y que le dolía más que cualquier otra herida que hubiese tenido antes. En ser capaz de respirar otra vez, de abrir sus labios aunque solo fuese para tomar aire, de cerrar un puño con fuerza porque en ese momento sólo sintió rabia. Su cuerpo había escapado de su control y ni siquiera era capaz de comprender exactamente por qué se sentía así.
Quizá, pensó, le enrabietaba no haber acabado con todo aquello antes (antes de enamorarse más. Antes de no poder quitársela de la cabeza. Antes de que ella lo dejase primero). Tal vez le molestaba haber estado convencido por un momento que él era la persona a la que ella escogería, de que todo volvería a estar bien, de que se abrazarían y se besarían como si nada hubiese sucedido. Podía ser que se sintiese enfurecido consigo mismo. Porque no sabía qué había hecho mal. Y no era capaz de preguntárselo.

- Vale.
Se sorprendió al escucharse a sí mismo murmurando esa palabra, que, desde luego, no era precisamente lo que le apetecía susurrar. Necesitaba mirarla y pedirle, por lo menos, una explicación (porque ese “quiero dejarte en paz” no le servía para nada)
- Me parece bien.
¿Cómo iba a parecerle bien? Todavía sentía ese dolor punzante en el pecho que casi lo ahogaba, y no podía ni siquiera levantar la vista hacia ella; ¿por qué estaba diciendo eso? Quizá era su propio orgullo el que lo obligaba; quizá él también quería pronunciar algo con ese mismo tono frío y firme que Nerine había usado para dejarlo. Algo que a ella pudiera dolerle escuchar. Algo que incluso a él le doliese pronunciar.
- Entonces, sólo era un juego, ¿no? –Tomas sabía que no. Al menos, en algún momento había estado convencido de ello- Pues vete –levantó la mirada de golpe al llegar a ese punto, levantando, también, su voz, que se había sostenido en un flojo susurro hasta entonces- Vete con quien te dé la gana. Vete con... él si lo quieres más –no hacía falta especificar a quien se estaba refiriendo, o, desde luego, Tomas tuvo claro que no hacía falta especificarlo. Porque por algún motivo, tenía claro que si no lo había elegido a él, habría elegido al vampiro. Sintió más rabia al percatarse de ello- Me da igual. Me das igual.

No supo cómo sentirse después de pronunciar todo aquello que ni siquiera estaba sintiendo. Era como si se quitase un peso de encima o como si, después de todo lo que habían pasado juntos, pronunciar aquello fuese algo similar a una traición. Simplemente, no sintió nada, porque el dolor le seguía nublando la mente y el pensamiento.
Se apartó del árbol y pasó por su lado sin más, sin levantar la vista, sin rozarla siquiera, buscando marcharse. Solo que esa vez sí fue volando.
Voló casi derramando dolor con cada aleteo. Lo más alto, lo más alejado del suelo, lo más rápido… que había volado nunca.
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Re: De tres mitades a nada (priv. Nerine y Tomas)

Mensaje por Nerine el Sáb Ago 06, 2011 3:10 pm

- Entonces, sólo era un juego, ¿no?
No, claro que no era un juego. Claro que le dolía. Claro que no quería eso…
…Claro que no podía hacer nada más.

- Pues vete. Vete con quien te dé la gana. Vete con... él si lo quieres más.
Reprimió un sollozo apagado solo porque sabía que, si quería terminar con eso de una vez sin que llegara a peores, no podía dejarle ninguna esperanza a Tomas. Porque, a la larga, seguro que sería mejor. Aunque ahora, pensar en L, solo le causase dolor y amargura.

- Me da igual. Me das igual.
Aunque en ningún momento dijo nada para reparar el daño que, sabía, acababa de provocar… Aunque, desde el instante en que vio el primer ramalazo de dolor real en los ojos de Tomas, hubiese bajado la mirada y ya no se hubiera atrevido a volverla a levantar… Aunque las palabras hirientes del muchacho estuvieran lastimándola más que cualquieras otras que hubiese escuchado con anterioridad… Aunque supiera como sabía que se merecía todo eso y muchísimo más (muchísimo más, mucho, mucho más. Nerine habría dado todo lo que tenía en ese momento para poder ser ella y no Tomas, que no tenía culpa de nada, quién cargase con todo aquello)…
…Nerine no podía evitar notar como, lentamente, su corazón se quebraba, y dejaba de estar partido para pasar a estar, simplemente, roto.

Tomas pasó a su lado sin ni siquiera dirigirle otra mirada. Pasó a su lado y, igual que al llegar no le había dicho hola, ahora no le había dicho adiós. Aturdida, Nerine pensó que, de algún modo entonces, era como si aquella conversación no hubiera sucedido realmente, porque era como si nunca hubiera pasado… Pero, desgraciadamente, había sido muy real.
Sin reprimir ahora, que ya estaba sola, los sollozos, la niña apoyó las manos sobre el tronco del cerezo y se puso a llorar, sabiendo que acababa de cerrar así el que se había convertido en el capítulo más importante de su vida hasta el momento…
Aunque le hubiese dejado un amargo sabor de boca al final.




((Bien, pues... Se acabó T____________________T))
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