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Un favor pequeñito (priv.)

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Re: Un favor pequeñito (priv.)

Mensaje por Nerine el Lun Mayo 23, 2011 12:36 am

Cuando comenzó a llover, Nerine y Tomas estaban sobre uno de los tejados de las casas de Mondphase, recogiendo la flor que el muchacho necesitaba para su clase de jardinería. La niña había acertado en su vaticinio y, entre las tejas de pizarra nacían algunas plantitas y florecillas pequeñas, entre las que destacaba esa flor mullida como una nube que los alumnos de viento tenían que encontrar. En cuanto la tuvo, Tomas la tomó entre sus brazos con fuerza otra vez y Nerine escondió la cara en su pecho mientras echaba a volar, porque no le apetecía mojarse más. No supo exactamente por qué, pero se aferró con fuerza de nuevo a su camisa, como si temiera pur de repente pudieran caer otra vez, y supuso que todo era culpa del ambiente, y la lluvia, y el frío que había comenzado a hacer.
Una vez bajo aquel puente, Nerine se sentó de rodillas en el suelo y parpadeó. Al final, pese a la protección de las alas de Tomas, habían pasado demasiado rato bajo la lluvia (porque, Dios, ¿cómo de golpe había comenzado a llover tanto?), así que tanto Nerine como él se habían quedado empapados. La niña soltó un gemidito y sacudió la cabeza, pues su cabello estaba mojado y se le pegaba a la cara, y la ropa también se pegaba y comenzaba a molestar.
- Jo, que asco - lloriqueó, levanzando la cabeza hacia el cielo gris y lamentando que el día se hubiera estropeado de aquel modo -. ¿En serio tenía que ponerse a llover justo ahora? - tembló un poco -. ¡Que frío!
Se volvió hacia Tomas y observó que el muchacho tenía un ramo de flores mustias en la mano, medio ahogadas por tanta agua y la fuerza con la que las cogían. Nerine estiró las manos y tomó esas flores, y acto seguido se dio cuenta de que el muchacho, también mjoado y empapado como ella, se sigetaba la herida del viente y respiraba con dificultad.
- ¿Tomas? - preguntó, y sonó un poco asustada.
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Re: Un favor pequeñito (priv.)

Mensaje por Tomas el Lun Mayo 23, 2011 1:01 am

Al escuchar esa llamada, Tomas no pudo evitar alzar la mirada de golpe hacia Nerine y olvidarse de sus alas, observándola con fijeza y preguntándose por aquello que había pronunciado anteriormente y él, ensimismado, no había alcanzado a escuchar.
Entonces, sus ojos no volvieron a cerrarse ni siquiera para parpadear.
Nerine estaba (seguramente, tal y como estaba él, pero su mente entumecida por el frío, el agua y el cansancio no le permitía meditarlo) empapada tal y como si acabase de salir del lago, o del mar. Su cabello ya no tenía ese aspecto bonito y suave que presentaba habitualmente, pero a él le gustaba igual. De la misma forma, también le gustaba como se veía con esa mirada empapada como recién salida del agua.
Y también apreció cómo se veía con aquel vestido ceñido al cuerpo por lo empapado que se encontraba y casi dejando ver todo lo que había tras él.
No pudo evitar sacudir un poco la cabeza cuando se encontró dejando su mirada fija en aquello, y agachar la mirada casi de manera inmediata. Sin embargo, no se encontraba tan avergonzado como habitualmente. Se encontraba... bien. Sentía una leve oleada de calor naciendo desde muy dentro de sí mismo (porque por fuera continuaba teniendo un frío terrible) y no podía evitar percibir que... que mirarla en ese momento sólo era lo que tenía que ser.
Recordando, finalmente, la llamada de Nerine, se apresuró a responder y apartarse de esos pensamientos. Todavía estaba atontado por esa mirada, y por el cansancio, y por el dolor de la herida (¿Cuando narices había empezado a dolerle tanto la herida?), así que solo pudo replicar en un hilo de voz:
- ¿Qué...? ¿Qué pasa...?
Luego, levantó los ojos y la miró a ella.
Y entonces estuvo seguro de que no podía pasar nada. Nada de nada.

(Me ha dado una vena un poco... ejem ^^" Perdon xDD! Digamos que el dolor lo atonta...)
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Re: Un favor pequeñito (priv.)

Mensaje por Nerine el Mar Mayo 24, 2011 12:24 am

Lo primero que hizo Nerine en ese momento fue gatear hasta el rincón en el que Tomas, tan empapado y congelado como ella, se había acurrucado, y lu segundo que hizo fue apoyar la mano libre sobre el estómago del muchacho como si, con aquel gesto tan simple, pudiera hacer que el dolor desapareciera (aunque, claro. No podía).
Sus ojos, en cambio, no siguieron la misma dirección que sus manos, y no se clavaron en esa herida que, aunque cubierta por la ropa y las vendas, seguía pareciéndole aterradora, si no que se perdieron en la mirada de Tomas. En su mirada y sus ojos verdes. Mientras abría la boca y soltaba un jadeo ahogado que nunca llegó a sonar, Nerine se sumergió en los ojos de Tomas y buceó. Esos ojos empañados y profundos como un océano, unos ojos que la miraban a ella y que eran de ella y de nadie más.
Se supo muy afortunada, y dejó de tener tanto frío porque esa mirada la calentó por dentro.

- Ah... ¿To-Tomas? - preguntó, cerrando la boca enseguida y arrepintiéndose de haber roto aquel silencio tan denso, extraño y... Magico. Se sumió de nuevo en el silencio y en sus ojos, y la mano que reposaba sobre el estómago de Tomas se movió sola y se deslizó hasta su cabello. Apartó un par de mechones empapados, que se habían quedado pegados en su piel, y le despejó la frente. Luego se inclinó sobre él, como si quisiera depositar un beso allí, pero al último momento no lo hizo y se quedó suspendida a medio camino entre ella y su puesto.

Lo miró. Una gota de agua se deslizó por su mejilla y se perdió cuello abajo.
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Re: Un favor pequeñito (priv.)

Mensaje por Tomas el Mar Mayo 24, 2011 1:17 am

Tomas permaneció muy quieto mientras sus miradas se entrecruzaban, mientras sus ojos se mezclaban y él se dejaba perder en ese laberinto dorado que coloreaba la mirada de Nerine. Apenas escuchó un susurro lejano cuando la niña volvió a pronunciar su nombre, ni alcanzó a percibir ese tacto helado que le acariciaba la frente para retirar algo de su cabello enmarañado.
Pero sí que se percató de esa gota de agua especial. Esa gota que podía haber sido perfectamente algo de agua desprendida de su pelo y resbalando por su rostro, pero que Tomas tenía la impresión de que... era algo diferente.
Un poco confuso, Tomas se las apañó para, también, retirar la mano que sujetaba en su herida para acariciar una de las mejillas de Nerine; concretamente, esa mejilla por la que había resbalado esa gota de agua. Ante su tacto se presentaba helada, mojada, pero esa especie de calidez interna se vio incrementada con esa caricia. Nada más juntar sus dedos con esa piel, Tomas percibió algo. Algo que no había sentido nunca antes.
Una chispa. Magia.
Posó toda la palma de su mano sobre el rostro de la chica, y le dio ese beso que ella parecía haber querido darle en un primer momento, inclinándose para ello y ahogando un flojo gemido de dolor. Se olvidó de pedirle que no se preocupara, o asegurar que la herida no le dolía, o cualquier otra frase insignificante. Ahora, un sentimiento más fuerte había sustituído al dolor.
La besaba con toda la débil fuerza que poseía en esos instantes, intercalando respiraciones cansadas, e incluso temblequeos por el frío exterior, entre cada uno de los roces de sus labios. Enredó y desenredó varias veces sus manos en el cabello empapado de Nerine. No sabía qué era aquello que lo había arrastrado a besarla de esa manera, a sentir eso que no había sentido nunca nadie.
Pero, en cualquier caso, una fuerza lo estaba arrastrando para comportarse así, y ninguna herida ni ningun otro sentimiento lo harían detenerse.
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Re: Un favor pequeñito (priv.)

Mensaje por Nerine el Mar Mayo 24, 2011 11:52 am

A Nerine no le quedó muy claro qué estaba pasando. Supuso que, aunque no lo recordaba con claridad, en algún momento habría desviado su trayectoria y, en lugar de inclinarse sobre la frente de Tomas, lo había hecho sobre sus labios. El caso fue que el muchacho no perdió tiempo y extinguió la distancia que quedaba entre ambos, y entonces a la niña se le fue la cabeza de verdad.
Había algo diferente en ese beso, algo diferente a todos los demás que habían compartido. Los besos de Tomas se caracterizaban por ser suaves y delicados como la caricia de una flor, por ser tranquilos, por ser capaces de transmitir aquella sutil calidez que la embriagaba con el más mínimo roce de labios. Ese beso no estaba siendo ni suave, ni delicado, ni tranquilo, ni sutil, ni, sobre todo, cálido. Ese beso la estaba arrastrando completamente y la estaba dejando sin aire, haciendo que todo (-el frío, la lluvia, las flores, la herida de Tomas, su vestido empapado y molesto-) dejara de tener importáncia. Todo excepto el mismo beso, y el movimiento de esos labios que, pese a todo eran suaves y conocidos, y de esos brazos que se enrroscaban alrededor de su cintura o se enrredaban entre su pelo mojado.

Soltó un gemidito ahogado en cuando la necesidad de respirar se hizo más grande que cualquier otra necesidad de contacto. Nerine despegó sus labios de los del muchacho pero se quedó pegada a él, com los ojos cerrados, la frente apoyada sobre la suya y los brazos firmemente apoyados alrededor del cuello de Tomas. Un viento helado atravesó el puente por debajo y la niña tiritó de frío.
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Re: Un favor pequeñito (priv.)

Mensaje por Tomas el Mar Mayo 24, 2011 5:45 pm

Solo cuando Nerine apartó sus labios de él, Tomas se atrevió a desplegar ligeramente sus párpados y dejar su mirada perdida por el suelo, un poco más alejado de esa fuerza imparable que lo había llevado en un primer momento a besar a la niña así.
En cualquier caso, esa fuerza seguía existiendo, aunque ambos necesitasen detenerse para respirar.
La observó por unos instantes; observó esos ojos cerrados y su frente rozando la suya. Mientras se ocupaba de llenar sus pulmones todo cuanto le fuese posible, se entretuvo retorciendo mechones de ese pelo mojado, y contemplando todos y cada uno de los rasgos suaves de la niña que nunca se había parado a visualizar antes. Poco a poco fue deslizando esa mano por sus pómulos, por su piel húmeda, y terminó finalmente recorriendo sus labios con un dedo, suave, muy suave.
Nerine temblequeó.
Tomas decidió que ya había respirado bastante.

Sin ningún cuidado, se resbaló de la pared hasta caer al suelo, y pasó sus dos brazos por la espalda de Nerine para pegarla a él, para abrazarla y ya de paso quitarle el frío. El estruendo tremendo de la lluvia cayendo sobre el pueblo, fuera de ese puente, era suficiente para hacer que sus respiraciones ahogadas e incluso gemidos apenas se escuchasen. El dolor que había sentido en la herida cuando Nerine cayó sobre ella lo hacía besarla con más ansiedad, si cabía. Era como si no la hubiese besado nunca. Como si nunca la hubiera tenido jamás así.
De nuevo, se detuvo cuando el aire les faltó a ambos, pero Tomas no pudo aguantar quieto de nuevo contemplando a Nerine o ensimismándose en sus pensamientos. Frunció los labios y sus manos se dirigieron solas donde quisieron.
Una correteó por su propio cuello hasta alcanzar uno de los brazos de la niña, que aflojó y movió hasta hacer que bajase hasta su pecho, hasta hacer que los dedos de Nerine rozasen su cuello y el cuello de su camisa. La otra revoloteó hasta alcanzar uno de los brazos de Nerine, hasta rozar un tirante de su vestido que había caído un poco hacía abajo y no molestarse en levantarlo. Siguió rozando con suavidad su piel hasta llegar a su cuello, y luego bajó... bajó...

Finalmente, se inclinó de nuevo hacia ella, entornó los ojos, y volvió a besarla con esa misma sensación de necesidad, que había dominado sin ninguna resistencia a todo su cuerpo.

(Páralo ahora o calla para siempre (?) xDDD!)
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Re: Un favor pequeñito (priv.)

Mensaje por Nerine el Miér Mayo 25, 2011 2:56 pm

(Bueno, pido disculpas por adelantado para todos los que lean y quieran lemmon. Ajo y agua)



Nerine se dejó caer sobre el pecho de Tomas cuando este se deslizó hasta el suelo, y se encontró tan cómoda que decidió que no quería moverse de allí para nada, aunque dejara de llover, volviera a salir el sol y ellos pudieran marcharse. Se olvidó de la herida de su vientre y se apoyó sobre él de todos modos, y se olvidó de la ropa húmeda que la molestba y del frío que seguía teniendo aunque Tomas la abrazara tan fuerte que casi ni lo notara.

Una mano traviesa paseó por su espalda y otra más atrevida aun se posó sobre su pecho y la hizo estremecer. Nerine dejó que Tomas la acariciara a su antojo, porque se dio cuenta de lo mucho que le gustaba que esas manos, delicadas y gentiles, la tocaran, casi como si lo necesitara, y solo se mantuvo quieta y con los ojos cerrados mientras se concentraba en no dejar de respirar.
Tomas la obligó a desenredar sus brazos de alrededor de su cuello e hizo bajar sus manos hasta que estas se toparon con la camisa verde del muchacho. Algo torpemente, como si no supiera lo qué hacía (porque, de verdad, no lo sabía demasiado bien), Nerine jugueteó con los botones de esa camisa y trató de desabrocharlos, perdida y distraída como estaba todavía con ese beso que estaba resultando ser embriagante y más húmedo aún que la lluvia. Deslizó una mano hacia en interior. La piel de Tomas ardió al contacto con su mano helada, y aquel pequeño detalle sacudió su interior y obligó a Nerine a separar su boca de la de él durante unos segundos para gemir (porque si no gemía ahora, se ahogaría).
Y durante aquellos segundos, su cerebro comenzó a funcionar de nuevo. Fue consciente de golpe y otra vez del frío, la lluvia y del lugar en el que se encontraban. Miró a la persona que estaba delante de ella y fue casi como si lo mirase por primera vez.
Si aquello era posible, enrojeció más.
- Tomas - lo llamó, con la voz una octava más aguda de lo habitual por culpa de la excitación. Lo empujó levemente por los hombros y lo apartó de ella -. Tomas - repitió, avergonzada -. Deberíamos... Esto no es...

No quiso decir demasiado directamente que quería parar porque, de hecho, no estaba del todo segura de querer detenerse, pero de todos modos obligó a Tomas a apartar las manos de su cuero y se sentó en el suelo frente a él, desviando la mirada.
Avergonzada, Nerine supo que definitivamente no deseaba parar, pero... La verdad, se esperaba algo más que un puente y un suelo duro y congelado para su primera vez.

Y, aunque aquello le pareciera todavía peor, ni siquiera estaba del todo segura de querer que esa primera vez fuera con él...
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Re: Un favor pequeñito (priv.)

Mensaje por Tomas el Jue Mayo 26, 2011 1:04 am

Tomas no pudo evitar tragar saliva de un tirón, un gesto acompañado de una brusca inspiración, cuando Nerine se las apañó para desabotonar un par de botones de su camisa y le rozó el pecho con sus dedos congelados, pero con sus dedos al fin y al cabo. Su corazón bombeó con más potencia al notar ese tacto que tanto ansiaba tener para sí, consiguió inspirar con más energía y más necesidad, acercó su rostro bruscamente para volver a arrancarle un beso...
Pero en ese insante ella se apartó, y él abrió los ojos de par en par, como si acabase de despertar de una pesadilla o de un profundo sueño.
Tal y como si lo arrastrasen sin ninguna piedad al suelo, bajándolo de esa nube sobre la que flotaba desde hacía unos minutos, unas horas, no sabía siquiera cuanto.
Su cuerpo todavía necesitaba aquello que estaba buscando. El corazón todavía le latía tan veloz como era posible, aun respiraba con tanta necesidad como al principio, y fue incapaz de escuchar la vocecilla de Nerine o de alejar sus manos de ella cuando lo empujó suavemente para que se apartara.

Se escuchó un trueno.
"No. No me lo hagas. No me hagas esto"
Su mente tan solo fue capaz de reaccionar con ese pensamiento cuando Nerine se sentó frente a él y se alejó de manera definitiva; cuando él fue consciente de que ella se estaba alejando de verdad. De que lo rechazaba. Se alejó su pelo, se alejó su tacto cálido, se alejó lo suficiente para que la mano que la acariciaba cayese al suelo sin ninguna resistencia que la detuviese.
Tomas no era capaz de razonar como parecía estar haciéndolo Nerine. Su mente se había nublado y ya no pensaba. Mientras su corazón iba bajando sus pulsaciones y permanecía quieto, muy quieto (porque sabía que, si se movía en ese momento, se abalanzaría de nuevo sobre ella e ignoraría absolutamente cualquier rechazo que volviera a darle), el dolor sustituyó a la pasión, a la ansiedad que todavía sentía.
Y sólo cuando la ceguera del amor y la necesidad se vio sustituida por una ceguera menos agradable de dolor, Tomas se atrevió a erguirse torpemente con sus brazos y a sentarse pegando a la pared, como en un principio. Pero percibiendo como aquella pausa le dolía en el pecho casi como cualquier otra "insignificante" herida que no curase.

Él también había desviado la mirada.
Acabó agarrándose la herida del estómago con las dos manos, fuertemente, como si estuviese provocando más dolor a propósito.
Cuando lo que a él le hacía sufrir, lo que estaba haciéndole sufrir de veras, estaba un poquito más arriba, en su pecho. A la altura del corazón.
Finalmente, sólo gimió.
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Re: Un favor pequeñito (priv.)

Mensaje por Nerine el Jue Mayo 26, 2011 4:28 pm

Nerine parpadeó, con la mirada fija sobre Tomas y las manos cruzadas y fuertemente apretadas sobre su pecho. Toda ella tembló un poco (no sabía exactamente si de deseo, de temor o, simplemente, de frío), pero a parte de eso no realizó ningún movimiento más.
Tragó saliva con dificultad, como si tuviera un nudo en la garganta que le impidiera realizar acciones tan normales como esa, o como hablar, o como incluso respirar, y se inclinó un poco hacia delante para acurrucarse sobre sí misma y apartar los ojos de él. Nerine sospechaba que, si seguía mirando a Tomas tan fijamente, terminaría por abalanzarse sobre él otra vez.
Y no quería. De ningún modo quería. Aunque su corazón latiera desbocado en su presencia y todo su interior se estremeciera de placer. No quería porque no estaba muy segura de nada de lo que sentía en ese instante, ni de lo que deseaba, y porque temía equivocarse al tomar una decisión precipitada en la que, en ese momento, no quería ni pensar.

Siguió lloviendo con fuerza y ninguno de los dos dijo nada. El silencio solo se veía roto por el ruido de la lluvia y los truenos, que no parecían tener intención de amainar, y Nerine temió que pudieran quedar atrapados en ese silencio incómodo mucho rato más. Suponía que aquello era de cobardes, pero casi prefería levantarse y echar a correr antes que quedarse allí, callada, mucho rato más, porque Nerine no era del tipo de personas que sabía estarse callada. Aquel silencio la comenzaba a desquiciar.
Comenzó a mover las manos arriba y abajo sobre sus brazos para infundirles algo de calor, dándose cuenta de que eso no combatía para nada el frío que comenzaba a calarla (sobre todo ahora que esa especie de fuego que la había arrasado por dentro hacía unos minutos se había extinguido), pero haciendo algo al menos para no quedarse tan quieta. Carraspeó.

- Eh... Tomas... - murmuró, con la voz un poco ida y los labios congelados -. El agua está... Comenzando a entrar aquí - señaló como se estaban formando pequeños charcos a su alrededor por culpa de lo abierto que era el lugar en el que estaban y lo fuerte que llovía, y luego tembló más -. No deberíamos quedarnos aquí, pillaremos una pulmonía.
Y levantó la mirada para buscar la de él, sumergirse de nuevo en sus ojos y buscar en ellos algo, -lo que fuera- que le indicase que no la estaba odiando.
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Re: Un favor pequeñito (priv.)

Mensaje por Tomas el Vie Mayo 27, 2011 12:07 am

Después de erguirse sobre sus brazos, después de removerse un poco para acomodarse bien en ese suelo frío y húmedo, Tomas volvió a quedarse tan quieto como segundos atrás, cuando Nerine se había apartado bruscamente de él. Volvió a permanecer inmóvil mirando hacia la lluvia que bañaba las calles del pueblo, sintiendo la mirada de la chica fija en él y sin atreverse siquiera a corresponderla.
Él todavía no se había conseguido apartar de esa sensación nueva, ansiosa, apasionada, que había dominado a su cuerpo hacía apenas unos minutos. Todavía notaba su corazón latiendo más rápido de lo normal, su cuerpo temblequeando un poco; todavía quería lanzarse sobre ella y seguir besándola, y amarla, amarla con algo que no fuesen meras palabras.

No podía mirarla, porque no soportaba ese rechazo.
Su mente atolondrada no le dejaba ningún espacio para comprender lo que verdaderamente la habría llevado a apartarse sin más. Sin saber el motivo, Tomas recordó que tampoco nunca había comprendido por qué ese día en las áreas verdes él había querido besarla y ella no había correspondido, o por qué cuando sí la había besado, había huído sin más. Si dejaba a su mente vagar, se encontraba muchos más momentos de rechazo, muchas más situaciones incomprensibles, que plenamente correspondidas. Si él quería hacerlo, si ella le había seguido el juego, ¿por qué ahora lo dejaba así?
Entonces, creyó intuir cual era el motivo. Más bien, quién lo era. Porque Tomas estaba completamente convencido de que esa era la razón que siempre lo dejaba incompleto. Estaba cansado de ser siempre el que trataba de hacer algo con Nerine por primera vez y fracasaba, para que luego se adelantase quien no quería que se adelantase.
Y, si el vampiro le robaba también esa oportunidad, Tomas estaba convencido de que ya no lo podría soportar más. Así se muriese por dentro.

- Eh... Tomas... El agua está... Comenzando a entrar aquí.
Tan pronto cuando sintió que esos ojos dorados se apartaban y se clavaban en el suelo mojado, Tomas se atrevió a dedicarle una leve ojeada a Nerine, sin percibir cómo sus dedos apretaban más su herida, como si percibir dolor en ese lugar le ayudase a olvidar un poco la oleada de celos que acababa de apoderarse de su cuerpo, unos celos que quizá ni siquiera tenían fundamento. Cuando notó que el dolor ya lo superaba, Tomas se atrevió a aflojar el agarre sobre su herida y a observarla por encima, comprobando que había conseguido abrirla un poco y hacerla sangrar.
Antes de que Nerine le clavase de nuevo la mirada, tapó con la palma de su mano la zona y volvió a mirar hacia la lluvia, intentando que su voz no sonase muy fría ni muy nerviosa a la hora de contestar.
- ¿Y dónde vamos? -la voz le temblequeaba y no sonaba como siempre, no por esa frustración que lo acababa de dominar. También sonaba seca, titubeante. Carraspeó. - Yo no... puedo volar con este tiempo.
Tomó aire con cuidado, para luego soltarlo en un suspiro.
Y luego, a sabiendas de que más valía que se calmase y volviera a la normalidad de nuevo (al menos, aparentemente), levantó la mano que no cubría su herida y se entretuvo abotonando los botones de su camisa que Nerine había tenido tiempo de soltar.

(T__T Yo no quería poner nada de lo que he puesto, pero no me sale... ya contestaré mejor a la próxima)
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Re: Un favor pequeñito (priv.)

Mensaje por Nerine el Vie Mayo 27, 2011 12:30 am

Nerine apartó los ojos de nuevo cuando se dio cuenta de que Tomas no quería devolverle la mirada, y que lo único que estaba consiguiendo hacer era ponerlos a ambos más nerviosos. Retorció ansiosamente sus manos y se mordió el labio inferior, porque necesitaba hacer algo cada vez con más urgencia, no importaba el qué. Si no se movía, se consumiría por culpa de sus propias dudas.
Daba igual que Tomas no la odiase en ese momento, ella misma se odiaba lo suficiente.

- ¿Y dónde vamos? Yo no… Puedo volar con este tiempo.
Nerine asintió y aflojó un poco el agarre que tenía sobre su labio, notando un poco el sabor metálico de la sangre en él.
- Y… ¿Puedes andar? – preguntó, tragando saliva y sin dejar de sorprenderse de lo extraña que sonaba su voz en ese instante -. Mi… Mi casa no está muy lejos. Si nos apresuramos y andamos cerca de las paredes para mojarnos menos, llegaremos en unos minutos y… Allí podremos secarnos, y cambiarnos y… - se calló otra vez porque se había puesto a hablar demasiado y estaba claro que Tomas no la escuchaba con demasiado interés.
Nerine se levantó y esperó pacientemente a que Tomas terminase de abrocharse la camisa (aunque esperó sin mirarle directamente, mirando al suelo, mirando el agua que se estaba colando entre las piedras del suelo y los estaba cercando), y luego se acercó a él y le tendió la mano para ayudarle a levantarle.
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Re: Un favor pequeñito (priv.)

Mensaje por Tomas el Vie Mayo 27, 2011 1:26 am

Tomas prosiguió con una mano entretenida en los botones de su camisa, sin plantearse volver a alzar la vista y escuchándola con atención. Ralentizó la velocidad en el movimiento de esa mano todo lo que le fue posible.
Cuando Nerine le hizo aquella pregunta, ardió en deseos de fruncir los labios y preguntarle que por qué no iba a poder andar, en un intento de extraer su furia de sí mismo y dejar que se perdiese, y que dejase de cubrirle de esa manera el pecho sin permitirle respirar.
Pero no tuvo tiempo de pronunciar ni la mitad de su queja. No cuando escuchó el resto de su frase.
- Tu casa -susurró, nada más oírla, casi sin dejarle terminar lo que seguía después de su frase.
Tomas no pudo evitar percibir un ligero escalofrío sólo de plantearse aquello. ¿Su casa? ¿Y qué pasaba si estaba su hermano? ¿Y si los veía llegar... así? Mojados, con esa voz ahogada que casi delataba lo que había estado a punto de suceder, y...
Antes de proseguir pensando, Tomas dejó escapar un suspiro. No había ninguna otra opción. No merecía la pena darle más vueltas.
Tras proseguir durante unos segundos más entretenido con su camisa, Tomas vio la mano que Nerine le tendía y detuvo su mirada en todos y cada uno de sus dedos, como si dudase que estuviera allí realmente. Pero sí, si estaba. Quería que se levantase.
Agachó un poco la mirada y la estrechó, sin soltar su mano libre del estómago y a sabiendas de que no se podría levantar si no la tomaba.
De hecho, no se podía levantar ni siquiera tomándola.
Ahogó un gruñido por lo bajo y trató de tomar impulso de nuevo, logrando ponerse en pie con esa mano todavía cogida a la de Nerine, y necesitando mover la otra para apoyarla en la pared. Dejó al descubierto la mancha rojiza de la que ya comenzaba a teñirse su camisa, pero en cuanto notó que se sostenía en pie la volvió a cubrir.
- Cógela -murmuró, con voz débil, extendiendo un ala cerca de la mano de Nerine que acababa de soltar- No es un paraguas, pero... algo... tapará.
Su voz cada vez se oía más floja, y tuvo que parpadear un par de veces para cerciorarse de que no se iba a caer agotado y gimiendo al suelo.
Al menos, ese atontamiento hacía que su rabia anterior y esa frustración se apaciguasen cada vez más. Como si la lluvia externa ya lo estuviese limpiando. Como si ya comenzase a poseer de nuevo la capacidad de razonar.
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Re: Un favor pequeñito (priv.)

Mensaje por Nerine el Vie Mayo 27, 2011 1:43 pm

Nerine tuvo que estirar con todas sus fuerzas, clavando con decisión los pies en el suelo para conseguir que Tomas se levantase en lugar de ser ella quién cayese de nuevo sobre él, y de todos modos él tuvo que ayudarse con ambas manos para conseguirlo. Una mancha roja en la camisa del muchacho hizo que Nerine soltase un jadeo ahogado y casi perdiera la fuerza a media operación, pero finalmente Tomas se puso de pie y volvió a cubrir su herida, y ella pudo apartar su mirada y taparse la boca y culparse a sí misma por aquello.
- Apóyate en mi - ordenó la niña con voz ahogada, sin esperar a que Tomas aceptase o rechazase su ayuda. Ella pasó una mano por detrás de la cintura del muchacho y lo obligó a pasar un brazo por sus hombros para sujetarle mejor. Sabía que no era la posición más acertada del mundo (sobre todo teniendo en cuenta lo que acababa de ocurrir, y sabiendo que, seguramente, lo que menos quería el muchacho en ese instante era tenerla cerca), pero Nerine estaba convencida de que, si no lo sujetaba, se desplomaría. Además, tenía que pegarse a él de todos modos para quedar protegida bajo su ala, ¿no?

Salieron de debajo del puente y echaron a andar bajo la lluvia. Aún y con la protección de las alas, enseguida quedaron empapados de nuevo, porque avanzaban tan lentamente que no les quedaba de otra, pero Nerine en ningún momento de quejó, ni jadeó de cansancio, ni le metió prisa a tomas. De echo, casi ni se estaba enterando del agua. Solo podía pensar en él, en su herida y en los pasos que faltaban para llegar a su casa. Quería encender la chimenea, secarse ella, secarse ambos, cambiarse de ropa y, aunque a Tomas no iba a hacerle gracia, curarle esa herida. Casi ni podía esperar.

Después de más rato del que había previsto en un principio, llegaron a su destino, una casita blanca, de dos pisos, con columnas en la entrada y un amplio jardín. Lo atravesaron y, una vez en el porche, Nerine hurgó entre las macetas que estaban allí hasta dar con la llave de repuesto. No soltó a Tomas en ningún momento, pues este seguía pareciendo a punto de caer inconsciente, y empujó la puerta.
No había nadie en casa, tal y como ella había supuesto en un principio. Lone estaría todavía en la tienda, con Sofi, esperando a que la lluvia amainase y le dejase volver, y Giled seguramente se habría acurrucado en el establo.
Nerine entró con decisión, importándole poco o nada dejar el suelo empapado tras ellos y pensando que lo limpiaría después. Guió al muchacho hasta el salón y lo obligó a recostarse sobre una butaca, desapareciendo acto seguido para ir a buscar unas toallas. Al volver, se dio la vuelta y encendió la chimenea, quedando luego de cara a ella y de espaldas a la butaca mientras se secaba un poco el pelo.
Inspiró.
- Quí... Quítate la ropa - ordenó con voz trémula.
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Re: Un favor pequeñito (priv.)

Mensaje por Tomas el Vie Mayo 27, 2011 5:51 pm

Tomas no efectuó ningún movimiento cuando Nerine le pidió que se apoyase en ella para poder caminar... y miró hacia otro lado cuando se terminó de acercar a él... y aguantó la respiración al notar que le pasaba una mano por la cintura y movía su brazo para que también él se sostuviese en su hombro.
Cuando comenzaron a caminar (él con torpeza, ella cargando la mitad de su peso), Tomas prosiguió mirando en todas direcciones, menos hacia ese lado en el que sus brazos rozaban los hombros de Nerine, en el que su pelo mojado lo rozaba de cuando en cuando. Aquello no le gustaba, no le gustaba estar sintiendo su tacto sabiendo que no iba a apoderarse de él, no le gustaba notar a esa chica cerca sabiendo que no iba a tenerla.
Pero cada vez sus pasos eran más lentos, y sabía perfectamente que sin esa ayuda no iba a poder dar ni un paso más.

Al llegar a la casita, Tomas todo lo que había podido hacer era dejarse caer donde Nerine lo había dejado y alegrarse enormemente cuando había visto que parecía estar vacía. Se levantó un poco la camisa, lo suficiente para dejar asomar la zona más abierta de la herida. Por lo menos, la lluvia se había llevado la mayor parte de la sangre. Aunque Tomas sabía con certeza que cada vez se estaba abriendo más, vista así, más mojada que ensangrentada, parecía menos grave. Por lo menos no preocuparía a la chica.
Mientras miraba los movimientos de Nerine por todo el salón (marchándose, trayendo las toallas, encendiendo la chimenea), Tomas notaba como los ojos se le iban cerrando cada vez más, y se olvidaba de lo que acababa de ocurrir, y se olvidaba de todo porque no merecía la pena darle más vueltas... ni podía.
Ya tenía los ojos casi cerrados cuando una voz le hizo abrirlos de golpe.
- Quí... Quítate la ropa
Por un segundo, creyó haberla escuchado mal. Al fin y al cabo, ya estaba medio adormilado, acurrucado en esa butaca y sin apenas moverse. Pero cuando comprobó que Nerine permanecía dada media vuelta, Tomas dejó de mirarse la herida y forjó una sonrisa irónica. Tenía que estar bromeando. Su mente no daba para encontrar ninguna explicación a esa frase.
- ¿Qu-qué? -no se dio cuenta de que apenas podía hablar hasta que no lo intentó. Gruñó-¿Para qué...? Ni... ni hablar...
Su voz sonaba tan floja y con tan poca fuerza, que ni él mismo sabía si eso se habría escuchado como rechazo a su orden o como una leve resistencia.
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Re: Un favor pequeñito (priv.)

Mensaje por Nerine el Vie Mayo 27, 2011 6:54 pm

El corazón de Nerine latió un poco con fuerza cuando Tomas respondió con debilidad, pero con aquel trémulo tono de rebeldía que le dejaba claro que quería ponérselo difícil. La niña se irguió y se volvió para mirarle, con los ojos abiertos, clavando directamente la mirada en esa herida abierta y sangrante que suuraba en el estómago del muchacho, y su expresión pasó a una de dolor rápidamente.
- Quítate la ropa - repitió, tratando de sonar firme y fracasando estrepitosamente. Se acercó a él, se miraron fijamente y después de eso, Nerine pasó de largo y se acercó al sofá que quedaba tras él, donde, además de las toallas, había un poco de ropa seca -. Estás empapado, vas a pillar una pulmonía. Te he traído algo de ropa de Lone, tal vez te quede algo grande pero... No importa.
Volvió a plantarse frente a él y lo miró fijamente. Los ojos volvieron a moverse solos hasta su herida pero no se quedaron mucho rato allí, porque estaba más interesada en mirarle a él. Extendió un poco la ropa, para que la tomara, y luego cogió la toalla y frotó suavemente sobre su pelo.
- ¿Necesitas qué te ayude? - preguntó. Ella llevaba todavía ese vestido mojado, pero prefería ayudarlo primero a él, que parecía adolorido y agotado, y necesitaba un poco de reposo con más urgéncia que ella -. Vas a tener que dejar que le eche un vistazo a esa herida - susurró entonces, mirándola de reojo. Tenía algunos conocimientos sobre curas y estaba claro que esa herida necesitaba unas.
Por el momento, pero, se contentó con ir secándole el cabello poco a poco sin que él la rechazase.
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Mensaje por Tomas el Sáb Mayo 28, 2011 10:15 am

Tomas abrió un poco más los ojos y los mantuvo así, despiertos, desplegados, cuando Nerine pronunció otra vez esa misma orden y dejó sus ojos puestos en los suyos durante un rato. En esos ojos dorados que él había querido tener para sí, hacía apenas menos de media hora.
Después de aquella mirada, después de sumergirse en esos ojos y ver que en ellos sólo se ocultaba la preocupación (la preocupación por él), Tomas percibió una leve oleada de calma que le dejó más espacio para pensar. Una tranquilidad gracias a la cual no se opuso de nuevo a las palabras de Nerine, ni le molestó que le empezase a secar el pelo como si no supiese hacerlo él, ni siquiera puso una mala cara ante ese susurro.
Muy lentamente, como si no supiera moverse más deprisa (o no pudiera), Tomas se llevó las manos a la cabeza, intentando coger la toalla que todavía estaba paseando rápidamente por su pelo. Una de sus manos logró su cometido, pero la otra cayó sobre los dedos que sostenían esa toalla, sobre la mano de Nerine. La apartó tan pronto como la sintió.
- De... déjame a mí -murmuró, tomando la toalla y haciéndola, también, pasar por su pelo empapado. Él no iba tan veloz ni lo hacía con tanta gracia, pero algo era algo. Cuando vio que Nerine todavía estaba allí, mirándolo con atención, bajó la toalla de su cabeza y le dedicó una leve mirada- ¿No... no quieres que me cambie? V-ve y cámbiate tú también.
Siguió pasándose la toalla por unos segundos, hasta que comprobó que Nerine no parecía tener intención de moverse de su lado y estaba más preocupada porque él pillase una pulmonía que porque la pillase ella.
- Venga... -aquello sonó más a queja que petición, y fue seguido de un leve (más leve de lo que él quería) empujón, que le dedicó inclinándose un poco en la butaca. Notó como la herida le gruñía de dolor pero se tragó un gruñido apretando muy fuerte los dientes. Ya la estaba preocupando bastante.
Cuando se marchó, se vistió lo más rápido que pudo con la ropa que Nerine le había traído comprobando que, efectivamente, le estaba enorme. Se subió las mangas para poder sacar sus manos por ellas, y luego siguió frotándose el pelo con la toalla, cada vez más despacio.
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Re: Un favor pequeñito (priv.)

Mensaje por Nerine el Sáb Mayo 28, 2011 5:28 pm

Cuando regresó de nuevo al salón, ya cambiada y seca, Nerine trajo consigo una cajita y varios enseres de curación más. Se detuvo en el umbral de la puerta para observar el interior del salón, y se quedó muy quieta mientras miraba a Tomas. El muchacho se había cambiado de ropa y llevaba uno de los trajes de Ayashi, que le quedaba muy grande pero no por ello se veía mal... Más bien al contrario. Allí sentado frente al fuego, con la camisa mal abrochada y los ojos cerrados, a Nerine casi le pareció una visión, un espejismo, y se quedó muy quieta para disfrutarla un rato más y grabarla en su memoria.
Tragando saliva, finalmente se decidió a entrar de nuevo en el salón arrastrando los pies. Al acercarse a la butaca donde Tomas descansaba, y al quedar bañada por la luz que proyectaba el fuego, el muchacho pareció darse cuenta de su presencia y abrió los ojos de nuevo para mirarla levemente. No supo exactamente por qué, pero Nerine enrojeció bajo aquella mirada, y se apresuró a arrodillarse a su lado y hurgar en la cajita que había traído y que había resultado ser un botiquín, agradeciendo que, con aquella penumbra, su sonrojo pasara desapercibido.
- Tomas, podrías... ¿Levantarte un poco la camiseta? - pidió, tratando de hacer que su voz sonara lo más segura posible. Le mostró un paño húmedo y abrió una botellita que olía claramente a hierbas -. Déjame curarte.
El muchacho pareció dudar un poco, pero ella levantó la mirada y no varió para nada su expresión, de modo que al final claudicó y dejó de nuevo al descubierto su fea herida. Nerine tragó saliva al observarla por segunda vez, algo más de cerca y con algo más de atención, pero no permitió que el miedo o la lástima atravesaran sus ojos. Sin vacilar, limpió un poco esa herida con el paño húmedo (aunque no tardó demasiado, pues el agua de la lluvia se había encargado de ello unos minutos antes) y enseguida prosiguió con las curas aplicando sobre ella sus medicinas de hierbas con rapidez y eficiencia. La niña había curado a veces heridas más aparatosas que esa, pues alguna vez Lone había salido herido de alguna pelea o alguna situación difícil, pero... Bueno, eso no implicaba que estuviera menos preocupada por Tomas.
Ambos guardaron silencio durante todo el rato que Nerine tardó en curar y vendar al muchacho, pero el silencio se iba haciendo cada vez menos denso y desagradable. La niña buscó su mirada de nuevo al terminar y casi se sorprendió de no encontrarlo con los ojos cerrados...
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Re: Un favor pequeñito (priv.)

Mensaje por Tomas el Dom Mayo 29, 2011 1:02 pm

Tomas no pudo evitar mostrarse un tanto dudoso cuando Nerine le pidió dejarle ver su herida y permitirle curarla. Porque él se la había visto, y era una herida fea y profunda que nadie tenía por qué ver, porque él pensaba que la chica no tenía por qué curarlo o verla también si no quería; ya podía ir él a la enfermería en cuanto regresasen a la academia.
Porque, definitivamente, no tenía por qué preocuparla tan innecesariamente.

En cualquier caso, sin saber siquiera el motivo que lo había llevado a acceder y tal y como si esa mirada lo hipnotizase, Tomas finalmente había accedido casi sin darse cuenta. Y, casi sin percatarse tampoco, había dejado sus ojos puestos, fijos, clavados en Nerine y en todos los movimientos que efectuaba. En la suavidad que empleaba para acariciar su herida con aquel paño mojado, en el roce cuidadoso de sus dedos sobre su piel todavía algo húmeda.
Y entonces reparó en lo injusta y egoísta que había sido su reación anterior.
¿De verdad había sido tan horroroso ese rechazo? Los dos sabían que se querían el uno al otro, no hacía falta llegar más lejos para demostrárselo. Podía esperar. Tenía que poder esperar, todo lo que hiciese falta, hasta que ella estuviese preparada, o hasta que, simplemente, la situación y el momento fuesen por lo menos un poquito más apropiados.
Porque tampoco podía estar buscando con tanta necesidad algo que nunca antes había tenido.
Cuando Nerine terminó de curarlo, Tomas todavía tenía su mirada fija en ella y sus manos, que ya casi ni sentía corretear por la zona de su estómago y su herida casi olvidada. Había conseguido poder ignorarla otra vez. Ya no dolía; no dolía nada.
Agachó un poco la mirada, y no porque quisiera evitar de nuevo esos ojos dorados que, ahora, lo hacían sentir un poco culpable, sino porque Tomas sabía que tenía algo que decir y necesitaba dejar la mirada perdida para pronunciarlo. Cuando se acarició el vientre y deseó dedicarle unas palabras de agradecimiento, de su garganta sólo pudo salir, con voz tenue y casi tan apagada como estaba esa habitación.
- Siento... siento lo de antes.
No hacía falta explicar qué era lo de antes ni añadir nada detrás que pudiera hacerlos sentir más incómodos. Él detestaba hablar sobre ese tipo de temas, y esa incomodidad no iba a cambiar en ese momento aunque supiera que había estado a punto de suceder.
Entonces, se atrevió a alzar de nuevo su mirada hacia la chica, y decidió pronunciar algo, moverse, besarla, lo que fuese, antes de que ella tuviese tiempo de agregar algunas palabras indeseadas a su disculpa.
Sin embargo, el cambio de tema apareció solo cuando Tomas reparó en que todavía estaba acariciando su estómago y no porque la herida hubiese comenzado a doler otra vez.
Un rugido desagradable quebró el silencio, de manera demasiado brusca para su gusto.
Tomas abrió los ojos de par en par y miró hacia otro lado de nuevo, completamente avergonzado. ¿Tanto hacía que no comía nada?
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Re: Un favor pequeñito (priv.)

Mensaje por Nerine el Dom Mayo 29, 2011 5:39 pm

Nerine parpadeí y volvió a bajar la mirada después de aquel momento de silencio reflexivo que habían compartido los dos, y que había culminado con aquella frase de disculpa que la niña no hubiera pensado que necesitaba escuchar. Pero lo necesitaba. Lo necesitaba mucho. En cuanbo aquellas palabras abandonaron la boca de Tomas y la acariciaron, la pesada losa de angustia que había estado presionando el corazón de Nerine desde hacía rato, también desapareció.
Enrojeció de nuevo y los ojos le picaron. La imagen de aquel Tomas bajo el puente, mirándola resentido y decepcionado después que ella se apartara, se desvaneció lentamente. Quiso decir algo, lo que fuera, para responder a aquella disculpa y deshacer el nudo que se había formado en su garganta, mientras volvía a levantar la mirada hacia él y no apartaba las manos de su herida. "No pasa nada", eso había estado bien para empezar. Lo que había pasado esa tarde tenía que quedarse en el pasado. "Yo también lo siento mucho", habría sido correcto también, pues al fin y al cabo ella tampoco había actuado bien hacía un rato, se había dejado llevar por sus instintos y aquello había estado mal. Y, por supuesto, le hubiera gustado mirarle fijamente, apoyar ambas manos sobre sus mejillas y decirle "Cuando esté preparada, serás el primero en saberlo", pero...
Se le escapó una risa cuando el estómago de Tomas gruñó.

- ¿Te apetece comer algo? - preguntó, interrumpiendo el contacto visual y levantándose con agilidad para dirigirse a la cocina. Abrió la luz porque el cielo seguía encapotado y tenía la casa sumida en la penumbra, y enseguida se puso a hurgar en las alacenas para ver que podía prepararle -. ¿Tienes mucha hambre?, preguntó, asomándo la cabeza hacia el salon de nuevo.
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Re: Un favor pequeñito (priv.)

Mensaje por Tomas el Dom Mayo 29, 2011 11:33 pm

Sabía que eso no había estado bien y todavía estaba rojo hasta las orejas de la vergüenza; de hecho, ni siquiera le había gustado esa risa que había dejado escapar Nerine porque lo hacía sentir más avergonzado todavía.
Pero, en cualquier caso, de ver esa risa a Tomas le entraron ganas de reír también, de acompañarla. Y lo hizo. Lo hizo porque ya estaba convencido de que todo seguía siendo como antes.

Cuando la vio asomarse desde la cocina al salón, Tomas respiró hondo por un momento y acto seguido, aunque todavía algo lento y adormecido, se levantó de la butaca y se acercó con pasitos cortos. Supuso que Nerine no querría que se pusiese en pie y preferiría que se quedase quietecito descansando, pero él no iba a estarse quieto cuando acababa de curarle la herida y ya se sentía de nuevo bien.
- No digas nada; no me voy a quedar ahí sentado... quiero ayudarte -se apresuró a decir, muy convencido, colocándose al lado de Nerine y apoyándose un poco en la pared mientras la veía. Luego, recordó la pregunta que le había hecho y se quedó un poco pensativo- Hm... pues la verdad es que... bueno, tampoco es qué... vale, sí, tengo bastante hambre -acabó rindiéndose finalmente, con los hombros un poco encogidos y la mirada vagando del suelo a la chica.
Sin embargo, al cabo de unos segundos no pudo evitar forjar una sonrisita y abrazarla un poco por la espalda. Porque le apetecía abrazarla. Porque sí:
- A ver qué me preparas... estoy deseando verte cocinar -admitió, sinceramente, porque Nerine había dicho una y mil veces que le gustaba cocinar, y más de una vez había aparecido con galletas y dulces semejantes. Depositó un beso en su mejilla y luego se apartó de nuevo y se rascó la nuca
- Y... bueno, ¿qué hago?
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Re: Un favor pequeñito (priv.)

Mensaje por Nerine el Lun Mayo 30, 2011 3:16 pm

Nerine no pudo reprimir otra risita por lo bajo cuando Tomas se plantó allí con ella, en la cocina, alegando que quería ayudarla, pero en el fondo lo miró preocupada porque no quería forzarlo más.
- No digo nada, no digo nada - aseguró con cierto tono divertido, cuando él se apoyó contra la pared y dijo querer quedarse allí. Se acercó a él, alegrándose sinceramente de ver que las cosas volvían a ser como habían sido antes (como deberían haber sido siempre, sin ninguna pausa extraña de por medio) y le sonrió, y se quedó quietecita y relajada cuando Tomas la abrazó por la espalda.
- A ver qué me preparas... estoy deseando verte cocinar.
Nerine rodó los ojos con expresión pensativa y, cuando él la soltó, se dirigió directamente hacia la encimera para sacar una tabla y un par de cuchillos. Se puso el delantal y abrió la nevera para ver qué tenía Lone allí.
- ¿Te apetece algo en especial? - preguntó, a lo que Tomas se encogió de hombros. Ella sonrió -. Lo que yo quiera, entonces.
Sacó todo el surtido de verduras que había en el cajón y, cuando Tomas le preguntó en qué podía ayudar, lo mandó a poner agua a hervir. Mientras, ella comenzó a limpiar las verduras y a cortarlas rápidamente en cachitos pequeños y regulares para preparar una menestra variadita, de las que a ella le gustaban más, y ya que estaba sacó un poco de pan y lo puso a hornear para hacer tostadas. Echó las verduras a hervir y, mientras se cocían, preparó una ensalada y untó las tostadas con crema de queso fresco.
- Ya casi está - anunció, sonriente, oliendo las verduras y sacándolas del fuego segundos después. Vertió el agua y las colocó en una fuente que dejó sobre la mesa de la cocina, junto a la ensaladera y las tostadas, y miró a Tomas, divertida -. ¿Te parece así? ¿Lo he hecho bien??
Rió divertida al ver la cara que puso él. Seguramente, y viendo los hábitos alimentícios que Nerine tenía normalmente (devorando caramelos a todas horas y comiendo cantidades industriales de comida a la hora de desayunar), se habría imaginado que la niña prepararía alguna cosa dulce, o más apetitosa, o abundante... Pero la verdad era que a ella le gustaba mucho la comida saludable, casi tanto como los dulces.
- ¿Qué quieres para beber? Hay agua, zumo de naranja, vino...
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Re: Un favor pequeñito (priv.)

Mensaje por Tomas el Miér Jun 01, 2011 1:02 pm

Tomas no esperaba ni por un asomo que ese "Lo que yo quiera, entonces" se convirtiese en una menestra de verduras con ensalada y un par de tostadas. Y Nerine debió encontrar esa sorpresa en su rostro cuando se quedó mirándolo al acabar, dejando escapar esa despreocupada risita. Porque, para qué engañarse, él no era de comida sana. Era de comer lo que había, algo que no tuviera que cocinarse y que habitualmente no era una menestra de verduras. Además, también le sorprendía ver a Nerine preparando aquello después de verla comer ese día a la hora del desayuno.
En cualquier caso, estaba bien. Él no había pedido nada específico y ella había hecho lo que había querido... y no era tan terrible comer algo saludable de cuando en cuando, ¿no? Ladeó la cabeza y se acarició la nuca antes de responderle:
- Sí, sí, claro que lo has hecho bien... -aunque no pudo evitar añadir después- Eso sí, ¿no te vas a... quedar con hambre? Mira que ya no podemos comprarnos el helado doble de fresa y menta para después.
Le sonrió levemente tras pronunciar esas palabras (porque, por supuesto, lo decía en broma. Aunque aquello se lo estuviese preguntando de verdad), y luego, al preguntarle lo que quería beber, un poco dudoso Tomas se decantó por el zumo. Quizá habría sido más elegante elegir el vino, pero a la vista quedaba que sus gustos de elegantes tenían más bien poco.
Finalmente, mientras Nerine iba a por las bebidas, él se apresuró a poner la mesa y dejarla preparada para los dos. Observó a la chica por unos instantes mientras cogía su silla y comenzaba a sentarse.
Entonces, justo entonces, cayó en algo que lo hizo levantarse de un brinco casi doloroso.
Se acercó hasta la silla de Nerine y la echó un poco para atrás mientras la miraba, como hacían los caballeros en las películas, en una cena ante la princesa que amaban. Solo que eso no era una cena, era una comida. Nerine no llevaba un vestido elegante ni lujoso, y la enorme ropa que vestía Tomas era casi menos apropiada todavía.
Además, se produjo un cruce intenso de miradas que hizo que Tomas se sonrojase levemente y se pusiera un poco nervioso, mientras se detenía un momento a pensar. Porque podía ser que Nerine fuese su princesa, pero él de caballero tenía más bien poco.

Por eso, después de apresurarse a hacer ese gesto, a Tomas le entró la risa tonta y desvio la mirada como si se sintiera extremadamente ridículo en esa situación.
- Yo no estoy hecho para estas cosas -acabó murmurando en voz baja, volviéndose a reír justo después mientras sostenía la silla y miraba hacia el suelo.
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Re: Un favor pequeñito (priv.)

Mensaje por Nerine el Jue Jun 02, 2011 10:37 am

La niña dejó escapar una risita cuando Tomas le recordó que ahora ya no podrían comer ese helado de fresa y menta que había prometido comprarle, y trató sin mucho éxito de mostrar una decepción que en realidad no sentía porque sabía que todo estaba bien.
- Tendrás que comprármelo otro día - le amenazó al traer el zumo, apuntándolo acusadoramente con un dedo y una sonrisa a la vez -. Y, si no me lo compras, tendré que comerte yo a ti.
Sobrevino un silencio un poco espeso después que esas palabras abandonaran sus labios tan poco apropiadamente. Nerine carraspeó y se apresuró a servir la comida para evadir el tema, porque por supuesto ella había dicho aquello en broma y sin pensárselo dos veces, y no había caído en lo incómodo que era hablar de aquello que, de algún modo, les recordaba a ambos lo que había estado a punto de ocurrir en ese puente un buen rato atrás.
- No me quedaré con hambre - murmuró, con las mejillas algo enrojecidas por la vergüenza de sus propios pensamientos y la que le provocaba admitir aquello -. Me paso el día picoteando, así qe, a la hora de comer, tengo suficiente con un buen plato de algo como esto - y, como queriendo corroborar sus palabras, se sirvió una generosa ración de menestra y rió.

Se dispuso en ese momento a sentarse para ponerse a comer, pero Tomas se levantó de repente y la hizo dar un brinco de sorpresa, que se acrecentó un poquito más cuando el muchacho tomó su silla y la apartó caballerosamente para que ella se sentara. Era el mismo gesto que hacían los camareros en los elegantes restaurantes a los que Lone la había llevado algunas veces a cenar, solo que en esa ocasión no era un camarero quién practicaba el gesto, sino Tomas. Su Tomas. Nerine pensó vagamente que él se le antojaba mucho más parecido al príncipe de un cuento que a un camarero cualquiera y se sonrojó.
Compartieron otra intensa mirada mientras ella tomaba asiento, y Nerine supo, de algún modo, que tenían muchas cosas para decirse con esa mirada, pero no pudo decir nada en concreto porque él se rió y desvió los ojos hacia el suelo.
- Yo no estoy hecho para estas cosas - murmuró con vergüenza, soltando una segunda risita a la vez. Nerine estuvo bastante en desacuerdo con esa frase, pero mientras Tomas soltaba la silla y volvía a su lugar, ella soltó también una risita baja y suave y lo miró.
- Muchas gracias, eres todo un caballero - lo alabó, desviando la mirada hacia las copas para servir un poco de zumo en ambas. Dejó la jarra y levantó su vaso en su dirección, esperando a que él hiciera lo mismo y enseñando todos los dientes en una sonrisa exageradamente grande -. Por mi caballero andante. Aunque tenga que arremangarse las mangas de ese blusón tan favorecedor.
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Re: Un favor pequeñito (priv.)

Mensaje por Tomas el Lun Jun 06, 2011 3:27 am

Tomas no pudo evitar sentarse con la cabeza algo agachada después de hacer ese gesto que, a su parecer, había quedado más ridículo que caballeroso, pero la bajó todavía más cuando escuchó aquella pequeña alabanza que Nerine le dedicó. Tan sólo se atrevió a alzar la mirada de nuevo cuando la encontró llenando sus dos copas de zumo, y levantando la suya para brindar.
Tomas acompañó su gesto y, mientras la oía, no pudo evitar echarse a reír. Eso si, igualmente, antes de hacer que sus copas chocasen quiso añadir algo él también. Aunque aquello de caballero andante le sonase tan inverosímil que le diesen ganas de reír.
- Y por la princesa del caballero andante -añadió velozmente, sosteniendo su copa en alto y mirando hacia arriba para pensar- Aunque... em... aunque sea mucha princesa para este humilde caballero.
Después, soltó una nueva risita, y forjando una sonrisa que no se asemejaba ni por un asomo a ese gesto pleno y feliz de Nerine, brindaron.

Comieron sumidos en un silencio agradable por un rato, mirándose de cuando en cuando y dedicándose leves sonrisas entre cada mirada. Sin embargo, quiso deshacerse del silencio diciendo cualquier chorrada, con el fin de no verse arrastrado por unos pensamientos que no le gustaban (porque las palabras que Nerine había pronunciado tras lamentarse por no poder comprar el helado todavía resonaban en su cabeza y se clavaban como una pequeña aguja, una y otra vez) Carraspeó, y luego inquirió por lo bajo, sin ni siquiera pararse a pensar antes lo que decía:
- ¿De veras... me viene tan grande? -señaló la camisa ajena con la que en ese momento vestía, y luego se preguntó por qué tenía que haber cuestionado esa tremenda estupidez. La miró y esperó que ella tuviese más habilidad para sacar un nuevo tema, comiendo otra vez un poco mientras esperaba su respuesta.
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Tomas

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Re: Un favor pequeñito (priv.)

Mensaje por Nerine el Mar Jun 07, 2011 12:17 am

((Absoluto post de relleno, he buscado cualquier excusa para cerrar, que esto se nos ha ido de las manos o_ô Si quieres añadir algo, eres libre. Si no... Mándalo a cerrados XD))



Nerine soltó una risita mientras comían y miró a Tomas, sin que el silencio que se había establecido entre ambos la molestase realmente. Se dedicó más bien a comer, calladita, porque cuando comía era los únicos momentos del día en loo que estaba realmente callada, para no atragantarse (porque Nerine hablaba incluso dormida), y a dirigirle a Tomas de vez en cuando miradas complices que él compartía.
Bebió un poco de zumo y terminó por olvidarse de cualquier comentario desafortunado que hubiera hecho con anterioridad porque ahora... Bueno, todo estaba bien.

- ¿De veras... me viene tan grande? - ella volvió a mirarle y se le escapó una risa cuando le vio intentando asomar sus manos a través de las mangas de la camisa de Ayashi. La niña reconoció para sí misma que tampoco había tenido mucha vista a la hora de traerle algo para cambiarse, puesto que había acabado escogiendo una de las camisas de trabajo de su hermano, que hasta a él le quedaban grandes, pero es que en aquel momento había estado más preocupada por volver a su lado cuanto antes para curarle que por como fuera a quedarles la ropa realmente. Ni siquiera ella se había puesto algo bonito, y llevaba ahora uno de los vestidos más feos de todo su armario, uno que no se había molestado ni siquiera en llevarse a la academia. Negó.
- Estás muy guapo - le aseguró, y no se sorprendió de haber sonado sincera. Se terminó de beber el zumo y siguieron comiendo aunque, como se dio cuenta de que parecía encontrarse incómodo con el silencio, Nerine comenzó a hablarle sobre futilidades varias.
Después, al terminar, recogieron los platos y los lavaron entre los dos. Tomas parecía encontrarse mejor y ya no se quejaba tanto cuando se quedaba de pie, pero de todos modos Nerine supuso que debía estar muy cansado y, después de todo, lo obligó a volver al salón y lo hizo sentarse en el sillón frente a la chimenea. La niña atió el fuego, recogió el botiquín y la ropa que habían dejado por allí y luego volvió hasta él y le obligó a dejarle un hueco en el sillón, acurrucándose entre sus brazos.
- Tengo sueño... - murmuró, tallándose un poco los ojos y soltando un bostezo por lo bajo. Apoyó la cabeza sobre su pecho y se dedicó a escuchar distraídamente su corazón -. Cuando deje de llover... Volvemos a la academia...
Pero, casi antes de terminar la frase, y antes de escuchar cualquier tipo de respuesta por parte de Tomas, la niña cerró los ojos y dormitó.
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